De lo incomprensible del Ser Humano

Son las dos de la tarde, acabo de llegar de la Escuela y como siempre pongo el telediario para escuchar al menos una parte de lo que acontece en el mundo. Política barata, “Tito Floren”, Real Madrid y Barsa, Ley de economía sostenible (supongo que sería por ponerle un nombre elegante y mediático…), corruptos y otras delicias. Hace algunos meses que no veo ni escucho nada sobre el conflicto israelí-palestino.

¿Dónde quedaron los valores morales humanos? En el camino hacia una televisión deshumanizada, enterrados en la cuneta, ahora que está de moda la expresión, de la carretera que lleva directamente a las estadísticas de audiencia. Este conflicto de vital importancia en la evolución humana se ha reducido a campanas que suenan en la lejanía informativa, ha perdido relevancia, interés mediático. Así de indigno.
No hablaré de números, viendo las estadísticas son demasiado realistas y de una desigualdad, si cabe la palabra, desorbitada. Crimen tras crimen contra la Humanidad Israel avanza en su propósito final, Eretz Israel. Algo así como si el pueblo gitano se organiza y quiere instaurar encima del estado rumano su propio estado después de dos mil años de bagaje por el mundo. La Tierra Prometida del David contra Goliat, de cruzadas e intifadas, allí se encuentra el popular Mar muerto donde más bien deberían llamarla La Tierra de los Muertos. Para algunos, del nacimiento del Mesías y para otros del ascenso del Profeta. Para casi todos, el Infierno. El año pasado asistí a una conferencia de Samir Naïr y de Shlomo Ben Ami titulada ¿Realidades contrapuestas?; no, realidades enfrentadas. Este conflicto está sumiendo al mundo en una espiral de violencia y poniendo a prueba diplomacias y políticas exteriores hasta el punto de ser decisivo en las elecciones de la primera potencia mundial y principal valedor de Israel. Más aún, es dantesco el papel que juega EEUU en esta historia, para empezar se habla de ineficacia y de “mano blanda” pero no se habla de cuáles son realmente los objetivos de la Casa Blanca porque básicamente se trata de un Laissez faire. Las hojas de ruta son preciosas pero siempre han quedado en papel mojado.
Israel no libra una guerra en su sentido clásico, es una guerra con frentes de muy distinta índole: guerra de guerrillas (la que sale en la tele), guerra mediática (cómo sale en la tele, manipulación informativa a niveles bien profundos), guerra diplomática (ignorando resoluciones de la ONU continuamente), guerra colonial (ya quisiera Pizarro haber colonizado territorios incas con bulldozers), guerra ciudadana (el Mosad estudia cada movimiento ciudadano como si de regimientos se tratase) y guerra económica (intereses tecnológicos de los países occidentales, armas por ejemplo). Creo que no dejo ningún frente en el teclado. Un entramado estratégico sólo justificado por y para su existencia. Es increíble que un país como Israel, del tamaño de la cuarta parte de Andalucía, pueda poner en jaque a más de medio mundo.
Olvidando el contraste de la problemática española con respecto a la que se vive en Oriente Medio, ¿que cabría esperar para el conflicto?
Me aventuraré a dar unas pinceladas, a sabiendas de no tener la suficiente base, sobre lo que creo que deberían ser los primeros pasos, un comienzo de comienzos para una eventual resolución del conflicto. Mucho ha de cambiar la política exterior tanto de la UE como de EEUU para que la situación mejore (la de la Liga Árabe se da por sentada). La presión internacional ciudadana debe aumentar pese a la ceguera y el morbo mediático. La ONU debe proclamar resoluciones vinculantes y si fuese necesario sanciones a Israel, por supuesto, se ha de condenar los crímenes cometidos alegando una defensa injusta, mas de uno debe ir a la Haya, si no, pregúntenle a Ariel Sharon, aunque su salud ya no lo permita. Y obviamente cooperar en el desarrollo de un Estado real en Palestina, donde no tengan lugar organizaciones radicales islamistas como las que “controlan” la franja de Gaza y el resto de territorios ocupados. Y ya digo tienen lugar porque de otro modo no habría resistencia al aplastamiento (en los medios llamado ocupación, condenada en varias ocasiones por la ONU y la UE, no así EEUU) son la única esperanza para unas personas a las que se les ha negado la dignidad humana. Volviendo al comienzo, las cifras de muertos son grotescas pero las de muertos en vida son aún peores. Algo, más bien mucho, se puede, podemos, debemos, evitar.
En el fondo ocurre siempre lo mismo desgraciadamente: Piensa por un momento que no puedes salir a la calle. Que ayer mataron a tu amigo mientras acompañaba a tu hija y a tu hermano heridos en el bombardeo al hospital también semidestruido. Todos murieron. No puedes salir a la calle, no puedes darles sepultura. No puedes ir a comprar leche para tu bebé porque si pudieras poner tu vida en riesgo para ir tampoco la encontrarías. Escuchas estruendos, el sonido mecánico de las balas al salir. Ves a tus vecinos aterrados en las ventanas esperando que pase el turno de este macabro juego. Tu casa, que está al lado, fue demolida por el ejército como condena por ampliarla “ilegalmente” en tu propio país. Nadie te puede proteger, piensas ir a una escuela de la ONU cercana pero ayer fue destruida en la madrugada, muchos conocidos están desaparecidos. Ningún lugar es seguro. ¿Cual sería tu salida?
Para ver: