Políticas patrimoniales: Integración en Sudamérica
A propósito de las fechas en las que nos situamos, la Semana Santa, hay que recordar que una manifestación tan “poliédrica”, guste más o menos, hay que protegerla, sustentarla, vivirla, difundirla y mantenerla. ¿Por qué? Porque es parte de nuestra identidad. Aunque no se sea muy nazareno. Estos bienes dan forma a la personalidad de un pueblo, es un elemento del conjunto que nos mantiene unidos. Eso que unos llaman Patria, otros Estado, otros País, otros cultura, etc. Es aquí donde entra el poder catalizador de las instituciones, co-responsables, junto con los ciudadanos, del mantenimiento de los engranajes que hacen funcionar a una cultura.
Desde una perspectiva sistémica, el mundo se globaliza y está en proceso de cambio constante, cada vez a mayor velocidad. Es necesario conservar ciertos valores, bienes, culturas, etc. para la posteridad. Unos de los valores que caracterizan a las sociedades civilizadas es la del cuidado y preservación de sus bienes comunes. El respeto a sus raíces así como la innovación en el arte y la arquitectura constituyen un eje vertebrador de las políticas gubernamentales de los países pioneros en la protección de los bienes patrimoniales que no son sino elementos de la identidad común como ya se ha comentado antes.
Crucemos el Atlántico. Tras un periodo más o menos estable en la geopolítica latinoamericana, los países que han alcanzado un mayor nivel de desarrollo económico y social cada vez apuestan más por políticas donde se mezclen la acción ciudadana, la integración de comunidades históricamente enfrentadas (ya sea por discriminación o simplemente olvido), la restauración de bienes dañados en periodos de guerra y otras acciones priman en políticas que aúnan esfuerzos y que poco a poco se están viendo recompensadas, una muestra de ello es el incremento en la presencia de declaraciones de patrimonio de la humanidad por parte de la Unesco. A pesar de todos estos esfuerzos, aún queda camino por recorrer.
La conservación del patrimonio comenzó a realizarse a niveles estatales, un modelo centralizado que no permitía la fluidez necesaria ni la operatividad que requiere un país de las dimensiones, por ejemplo, de Brasil. Con el paso del tiempo las instituciones se han ido disgregando hasta alcanzar un modelo regional donde las distintas delegaciones se hacían cargo de organizar, gestionar y proyectar las distintas actuaciones. Todo esto a grandes rasgos. En mi opinión, la conservación y protección del patrimonio debe hacerse en armonía a una participación ciudadana que haga sentir al pueblo parte del patrimonio mismo. Aunque habría que matizar la definición de Patrimonio. Un ejemplo de ello, creo que bastante acertado, es la política llevada a cabo desde hace algunos años en el gobierno de la ciudad de Buenos Aires.
Se ha criticado con cierta asiduidad la posición de la Unesco, como última instancia superior, frente al auge de las políticas patrimoniales en América Latina. Es cierto que hay cierto eurocentrismo, algo anácrónico, que se debe eliminar. Esa eliminación solo puede llevarla a cabo una mayor integración entre los diferentes gobiernos e instituciones sudamericanas. Al igual que está ocurriendo en el terreno económico y social, hasta que no se han promovido organizaciones como Unasur, Mercosur, etc. la Unión Europea no ha ido renovando sus posiciones en cuanto a las relaciones internacionales. Y, aunque sea en menor medida, organizaciones como la Unesco aún siguen rigiéndose por códigos éticos algo anticuados, en mi opinión. Los intereses económicos y políticos deben dejarse a un lado, aunque es cierto que son juez y parte de las relaciones internacionales, para dejar paso a la cooperación. En este aspecto, España juega un papel crucial. Debemos ser puente entre la Unión Europea y Latinoamérica, pero no una aduana. Las piezas del puzzle global están cambiando en todos los aspectos y los países latinoamercanos deben reivindicar y defender su papel en el mundo. No estoy hablando nada ajeno al patrimonio, como ya he dicho, éste es parte de la identidad de los países y en muchas ocasiones de varios países. Esas características son motivos para el hermanamiento y el estrechamiento de las relaciones. Oportunidades como, por ejemplo, la del Camino Inca deben ser aprovechadas en este caso por Argentina y Perú para reforzar sus relaciones internacionales y a la misma vez explotar racionalmente y sosteniblemente estos bienes comunes.
En definitiva, la integración lationamericana en políticas patrimoniales es un aspecto y un paso más en la integración política. El siglo XXI es de desafíos, como todos sabemos uno de ellos es el del cambio climático por tanto es importante resaltar la importancia de proteger el medio ambiente, en concreto aquellos espacios más débiles y valiosos e incentivar la concienciación social. La conciencia y la educación serán la base de la preservación del patriomio y en América Latina se debe apostar por la cooperación y el intercambio en materia de educación. Como decía un lema laborista de la campaña electoral en las últimas elecciones inglesas: “Educación, educación y educación”
Para acabar me gustaría hacer hincapié un poco más si cabe en el análisis sudamericano. Más concretamente en el hecho de que los Juegos Olímpicos se celebren en la ciudad de Río de Janeiro. Dejando a un lado el impacto económico a veces injusto que esto provoca en una zona concreta del país anfitrión, la carga simbólica que conlleva la organización de estos juegos no es más que una muestra de que las posiciones y el terreno futuro de la política está sufriendo pequeños sismos que a la larga harán del segundo continente olvidado un actor principal en el teatro mundial.
Próximo objetivo: África.
